¿Hasta dónde habrá que aplaudir?

El 30 de Octubre se dijo oficialmente “The funk is back, motherfucker”, porque el dúo formado por Emmanuel Horvilleur y Dante Spinetta lanzó al mercadoChances, el nuevo disco de Illya Kuryaki & The Valderramas, en un regreso, tras diez años de separación, que alcanzó en menos de veinticuatro horas el primer puesto de la tienda digital iTunes Argentina.

Con la apertura de “Helicópteros”, reaparece el funk cochino que muchos estaban esperando, denotado desde el inicio en la pornoalegoría de sus letras, sumadas a un bajo que marca la línea festiva a seguir. Y con un cierre del primer acto que ordena: “andá ahorrando para comprarte una almohada que te vamos a patear el culo”.

Los sonidos eclécticos de este nuevo material traen a escena dos artistas que se animan a jugar con tonos ravers en “Funky futurista”, colores reggaes en “Soy música”, y una balada con tintes pocos felices en “Amor”. Para “Madafaka” llegan los Molotov, y el resultado es un tema con riffs notables, vientos innecesarios que suenan a la par de la batería, y rimas explosivas de hip-hop callejero mezclado con tonos rockers.

Un párrafo aparte para “Águila Amarilla”, la canción homenaje a Luis Alberto Spinetta: la fuerte emotividad atraviesa este tributo de casi cuatro minutos, de principio a fin; empezando por unos violines acompañados por un piano dulce y una letra que puede llegar a estremecer a cualquiera: “te he visto resurgir usar toda tu fuerza, llorar, luchar seguir, mostrar tu fortaleza”. Para el final, llega Dante haciendo un espléndido solo de guitarra, dando un broche de oro a una ofrenda musical difícil de superar.

Chances saluda en su regreso desde la alfombra roja, con sonidos adaptados a la escena musical actual y juegos de innovación, que en algunos casos han resultado poco satisfactorios. Por otra parte, nos encontramos frente a un LP cíclico, con bajones que parecen salidos de la telenovela de la tarde. Además, los bronces ya conocidos por “Ula Ula”, también presentes en el décimo track, aparecen en exceso. Y se suma la superflua pronunciación de las siglas “IKV” en algunos momentos del disco.

Habrá quienes estarán felices por esta vuelta, y celebren con gusto el tour rítmico que han brindado los Illya Kuryaki. Pero también, aparecerán aquellos que bajo la influencia de esas primeras líneas robóticas hayan esperado un material con detonaciones in crescendo y sin decaimientos. Resumiendo: un regreso aplaudible, pero no hasta en la luna.


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