«De casi imposibles está hecho el rock»

Entrevista a Juan Manuel Strassburger.

Afortunadamente, no sólo de mainstream vive el rock. En el circuito under de Buenos Aires hay un festival que resuena hace más de tres años y ya lleva quince ediciones, seguro ya lo escuchaste nombrar, es el Festipulenta. Dentro del “mundo pulenta” hay un personaje particular: Juan Manuel Strassburger. Periodista de cultura rock, trabajó como colaborador de Clarín, Pagina/12, La Mano, Rolling Stone, El Acople y actualmente escribe en Tiempo Argentino. Además forma parte de la organización del festival y conduce “La hora pulenta” en el 93.7 de FM Nacional, los sábados de 13 a 15 hs.

¿Cuál fue la idea que te motivo a hacer el Festipulenta?

El Festipulenta surgió principalmente de una necesidad: la que teníamos Nico Lantos, mi amigo y socio en esta aventura, y yo, de reproducir en Capital lo que veíamos que ocurría en Zona Sur y en La Plata. Acá en la Ciudad, por causas varias, se hacía muy difícil que hubiera un festival under como el que imaginábamos y que no estuviera pegado a marcas o a ciclos exclusivos un poco snob. La cosa estaba jodida para bandas que no tenían suficiente vínculo con esos espacios ni una buena llegada a la prensa. Eran los casos, por ejemplo, de Olfa Meocorde, Viva Elástico, El Perrodiablo, Sr. Tomate, entre otras. Por otra parte, también con Nico, veíamos que estaba surgiendo una nueva camada de bandas más relacionadas con el Indie americano y la experiencia cotidiana (107 Faunos, Los Reyes del falsete, por nombrar algunas) que nos entusiasmaban y que veíamos que tenían más de un elemento en común (de hecho yo había llamado la atención sobre ello en una tapa del Suple “No” titulada “Llega el Indie cabeza”, salida unos meses antes). Con todo eso como contexto efervescente y con nuestras ganas de periodistas tranquilos con nuestra profesión pero con ganas de intervenir por otro costado en la movida, es que nos mandamos a hacer el Festipulenta. Y acá estamos casi cuatro años, un Compipulenta y quince ediciones después.

¿Qué tipo de bandas tocan?

Mayormente bandas de rock. Hay bastante indie, claro. Pero se trata de un indie de corte artesanal y barrial, sin demasiada preocupación por el estatus, la novedad en sí misma o el look sofisticado. También hay under a secas: la vieja tradición que se mantiene desde los 80 con bandas como Sumo, Los Pillos y Don Cornelio, que al momento de arrancar el Festipulenta encarnaban Fútbol, Prietto viaja al cosmos con Mariano, Mujercitas terror, Compañero Asma o Los Pacientes. Y también alguna que otra inclasificable, como Olfa Meocorde, pero a la vez absolutamente adorable y pulenta. Una mescolanza coherente.

¿Cómo definirías al Festipulenta para quienes todavía no lo conocen?

Como un festival amiguero, de experiencia vital y genuina, con varias de las bandas que más emocionan los corazones hoy por hoy. Una refutación rabiosa y a la vez tierna a eso de que “el rock argentino está en crisis” o que “ya casi no existe más”.

¿Qué es lo que permite la continuidad al festival?

La continuidad la da el concepto de lo pulenta, que un poco está descripto en la bajada de nuestro eslogan: “Hacer del mundo un lugar más pulenta”. Entero, dice así: “Cuatro bandas por noche, ocho en total, y una feria con sellos alternativos, editoriales artesanales, historietas under y todos los amigos que puedan venir. Sin pulseritas ni gigantografías. Sin promotoras, V.I.P’s o focus groups. Porque tenemos rock. Canciones urgentes. Bandas que bajan transpiradas del escenario o con la sensibilidad a flor de piel. No es poco, ¿no?”.

¿Qué balance hacés de las cuatro fechas de marzo? ¿Por qué no lo volvieron a hacer en esta edición?

La idea de hacer cuatro fechas en marzo último fue una forma de hacer algo diferente, más grande, y a la vez festejar por nuestros tres años de vida. Evidentemente, fue un esfuerzo muy grande, por eso no lo volvimos a repetir en las ediciones siguientes. Pero ya haremos algo parecido o incluso superior. Si nos da el cuero.

¿Por qué eligieron “El Zaguán” como locación?

Porque coincidía con las características que buscamos para hacer el Festipulenta. Nos gustaba que estuviera en un lugar alejado del circuito más palermitano o de Costa Salguero. Y que tuviera una estética de ladrillos a la vista, algo descuidado, levemente antro, que nos hacía recordar a cómo eran varios lugares del underground argentino de los ochenta. Por otro lado, “El Zaguán” también nos ofrecía un arreglo lo suficientemente beneficioso como para que el Festipulenta se pudiera bancar a sí mismo y a su vez pagarle bien a las bandas. El lugar sonaba relativamente bien y además, y no menos importante, tenía suficiente espacio como para albergar una feria de cómics, libros, remeras y libros under que nos parecía fundamental para terminar de darle sentido al Festipulenta. Se sabe: un festival sin feria no es muy festivo que digamos. Y para nosotros había un cruce transversal que unía el comic under de Podetti, Sala o Mosquito con las lecturas del Quinteto de la muerte en el Pacha y con editoriales como Nulú Bonsai o la Funesiana. Y necesitábamos una feria para poder evidenciarlo. Por estas y otras razones creo que hubiera sido muy difícil hacer el Festipulenta sin “El Zaguán”. Pero a la vez creo que, sin el Festipulenta, “el Zaguán” no sería lo que es hoy: un lugar instalado en el circuito de lugares para tocar en Capital. Antes de que nosotros llegáramos muy pocas bandas (y muy poco público) sabía que existía. Por suerte ya no es así.

¿Cuál es tu rol en la organización del festival?

Mi rol, como el de Nico, es planear las fechas, armar la grilla, contactar a las bandas y a los feriantes, organizar la difusión y la prensa, preparar las pruebas de sonido y el armado de escenario, atender al público y las bandas, y solucionar cualquier imprevisto que surja. Es bastante trabajo. Pero con Nico lo hacemos con gusto. Por ahora.

¿Qué banda te gustaría que llegue a tocar?

Puestos a soñar me encantaría que toquen algunas bandas o solistas emblemáticos del Indie americano de los 90 como Sebadoh, Smog, Guided by voices o Bonnie Prince Billy. Es casi imposible. Pero de casi imposibles está hecho el rock.


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