En “9 discos malos del rock argentino”

Catupecu Machu — Simetría de Moebius

Cerca del final de la primera década del siglo XXI, la banda liderada por Fernando Ruiz Díaz lanzó su quinto trabajo de estudio, Simetría de Moebius. El disco parece haber sido escrito/producido/masterizado durante una rehabilitación en una clínica psiquiátrica. Los colores melódicos-sintéticos-oscuros mal compatibilizados y ajenos a la estética de la banda, lo hacen poco digerible. A los hechos, la meseta creativa le valió la salida de Javier Herrlein y el cambio de manager. Los cincuenta minutos del álbum, dan a entender que fue todo producto de una depresión vivida desde abril hasta septiembre. Desde el inicio, un ángel enfermo y confuso despliega sus alas en un vuelo turbio. Y el alter ego… grito alud que se pretende generar es tan solo un suspiro de aguanieve. La decepción resulta grande y dura hasta el final. No hay cierre enérgico y brillante porque regeneran el vibrante tema “Batalla” y lo convierten en una tregua sonora. Si en la versión original, F.R.D. parece que va a resetear y arremeter contra todo, en esta provoca la sensación de estar sedado deambulando por un neurosiquiátrico. Y lamentablemente sigue así cuando todo termina en una abstracción olvidable.


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Tan Biónica — Canciones del Huracán

Canciones del Huracán es conocido como el primer trabajo de estudio de quienes en sus inicios no sabían si llamarse “Tan Electrónica” o “Biónica Electrónica”. Los catorce temas que lo forman no son nada comparados a “With Out You”, la canción que Nikki Sixx le dedicó a su amor semisintético. El incesante encuentro con lugares comunes, un varieté de drogas consumidas en el intento de ser cool y un escaso poder metafórico convierten al álbum en el coctel ideal para un suicidio de domingo.
Ni hablar del corte que los catapulto a la fama, “Arruinarse”. Al escucharlo parece que se sufre más por amor en las calles porteñas que en las frías camas guatemaltecas. Además, los intentos por darles tonos festivos entusiasman menos que un forzado hit de verano. Y cuando intentan endurecerse tipo macho alfa, como en “El huracán”, están más cerca de Las Divinas de Patito Feo, que de los pibes que van a la cancha. En otras palabras: las canciones del huracán tienen la misma intensidad que una brisa matutina de invierno. Y provocan las mismas sensaciones molestas.


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