La llegada de Ultron

Soñé que estaba en una biblioteca enorme, con escaleras que iban y venían para todos lados, pasillos larguísimos y aulas de lectura con ventanas de dos metros por dos metros. Mientras buscaba la salida encontré en el piso un libro viejo y fui a devolverlo. Caminé por un pasillo dónde las luces eran foquitos amarillos incandescentes y las paredes de color verde moho. El efecto visual era incomodo, una especie de humedad seca dónde el piso no se veía. Casi al final, vi una luz de tubo de blanca que salía de una oficina. Me acerqué despacio al mostrador y había un viejito sentado en su escritorio lleno de papeles en blanco. Le pregunté si podía dejarle el libro. Me respondió que si quería dejarlo ahí tenía que llenar unos papeles, y señaló pila del tamaño de cinco resmas A4 una encima de la otra. “Mejor busco el estante dónde estaba” le dije. Caminé unos pasos hacía otro pasillo más ancho, vi unas escaleras anchas y las subí. Al final había una puerta de vidrio que parecía dar a la salida.

Cuando empujé la puerta de vidrio hacía el exterior una señora con un overall negro me gritó “mejor quédate adentro, dónde las cintas de peligro te pueden proteger”. Miré a mí alrededor y todo estaba cubierto con esas cintas rojas y blancas, me parecía que el lugar estaba a punto de derrumbarse. Empujé la puerta, que ahora era de madera, y salí.

Afuera había un ambiente extraño, un viento seco pasaba por encima de las copas de los árboles. Los bancos ya no estaban en su lugar había cajas estáticas que no se movían ni un milímetro. Me quedé parada unos segundos y vi venir a Pedro que me preguntó dónde estaba, “tratando de devolver este libro de mierda que ni siquiera es mío” le respondí, me dijo que ese libro era de él y se lo di.

Caminamos hasta el Starbucks que estaba a la vuelta. En el camino vimos gente escondida dentro de los arbustos de la vereda. Le preguntamos qué pasaba y respondieron que Ultron los estaba buscando. Se escondían debajo de las plantas porque era el único lugar dónde él no podía verlos. Le aconsejamos que vayan al sótano de la biblioteca pero se negaron, porque según ellos tenía ventanas.

Entramos al café y las calles se empezaron a llenar de orcos con cabezas cónicas y armaduras agujereadas. Salimos por la puerta trasera sin que nadie nos viera y corrimos a la puerta del sótano de la biblioteca. Abrimos la puerta, nos topamos con una pared, pero a la derecha había una escalera que subía. Subimos y bajamos otras tres escaleras más hasta que dimos con el sótano que tal como nos habían advertido tenía ventanas, eran mucho más grandes que las de las aulas de lectura y tenían unas cortinas negras de media sombra. Afuera una luz azul se posaba sobre las plantas, acto seguido las personas que se escondían bajo ellas salían corriendo, pero los orcos les cortaban el paso y los iban juntando en el centro de la plaza.

Miré a Pedro y le dije “boludo ¿los Vengadores dónde están para parar todo el quilombo?”, “Son unos muñecos de cera ahora, no sé qué pasó, pero ya no sirven”. Le dije que lo mejor era salir de ahí. Caminamos hasta la puerta de la habitación y los vidrios de las ventanas empezaron a explotar. Salimos corriendo. Los pasillos se acortaron. Al final aparecía una ventana dónde entraba esa luz azul que hacía explotar los vidrios. A lo lejos se escuchaba una voz robótica que decía “miren adentro de ellos y encuentren sus miedos”. Los gritos del exterior eran cada vez más fuertes. Nos escondimos en las escaleras internas. Pedro dijo “tengo que encontrar a Hulk” y se fue.

Bajé una escalera corta que daba al hall de la biblioteca. Estaba lleno de hombres indigentes vestidos con harapos que no se animaban a salir. Decían que ya era mucho ser indigentes, que no querían morir, pero tampoco querían convertirse en esclavos.

Salí. La plaza estaba llena de gente atormentada rodeada de orcos. Las viejas armaduras de Iron Man flotaban en el aire todas oxidadas. Miré por todos lados buscando a Pedro, pero no había rastros de él. Me acerqué a la multitud para preguntarles que pasaba. Me respondieron que ahora Ultron controlaba sus miedos y que trataban de no sentirlos para no darle más poder, pero no podían.

Un holograma de Ultron apareció en el aire y les habló a la multitud: “quédense tranquilos que no vengo por ustedes, quiero a sus enfermos”. Los buscaba para armar un ejército de zombis con los que pensaba destruir paulatinamente a la humanidad y después poblar la tierra con puras máquinas.

A los pocos minutos, el verdadero Ultron apareció en el aire. La gente se estremeció. A nuestras espaldas se me empezó a sentir un fuerte terremoto que venía acercándose a lo lejos. A medida que se iba acercando me di cuenta de que eran pasos. Pedro se me acercó corriendo y dijo “creo que se viene”. Cuando los pasos cesaron un Hulk viejo con cabellera rubia saltó sobre el villano, pero este último se desvaneció y apareció a un costado. La bestia verde no saltaba para pegarle, quería abrazarlo. El viejo Hulk había envejecido y se había convertido en gay. No sólo eso, también se había enamorado del malvado robot.

La secuencia de Hulk saltando enamorado y Ultron desvaneciéndose una y otra vez se repetía cada vez a mayor velocidad. El único que podía salvarnos se convirtió en puto y el villano ya no podía escapar. No había nada más que hacer.

El viento comenzó a soplar cada vez más fuerte.

El ruido me aturdía.

Afuera llovía.

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