El arte de la angustia

I

Subís al bondi, le indicás el destino al chofer y pagás con la SUBE. Te sentás en el asiento del lado de la ventanilla para que entre más luz. Sentís un hormigueo en la boca del estómago, te tocás, cerrás los ojos y respirás profundo. No es la primera vez que te pasa.

II

Una noticia inesperada y oscura te genera un nudo en la boca del estómago que te quita el hambre. Después de tres días sin comer, cenás un té a las ocho de la noche. A las diez de la noche te vas a dormir.

III

Estás en tu librería favorita, colgás el teléfono después de hablar con él. Pagás en efectivo y salís. Sus últimas palabras te generaron un shock emocional que te hace caminar por la vereda con una sensación de una patada en la boca del estómago y sentís que te anula toda respiración posible. Mientras caminás vas abriendo y cerrando la boca como si fueras un pez del Jardín Japonés al que le tiran alimento desde el puente. Sentís que no tenés ni un centímetro cúbico de aire en los pulmones. Cruzás la calle llorando.

IV

Estás llegando tarde a una primera cita. Tenés una sensación de cosquilleo en el plexo solar y adentro tuyo se resuelve una dicotomía entre ser y sentirse una falsa diva y pensar “a mí no me gustaría que me hagan esperar”. Así como lo pensás también sufrís, porque te acordás de la última vez que llegaste tarde sin avisar y tu cita de aquel momento, un chico con el cual obviamente ya perdiste contacto, no estaba. Te bajás del subte en Plaza Italia, caminás unas cuadras y tomás un taxi que va por Malabia. El cosquilleo en el plexo solar sigue. Es ahí cuando entendés al primer hombre que te hizo esperar cuando te dijo “yo no quiero llegar tarde, sufro una barbaridad cuando llego tarde, porque me hace quedar como el culo”. El cosquilleo se calma cuando entrás al bar y lo ves ahí, sentado, tomado notas en un cuaderno y una taza de café al costado.

V

Te acordás que hace unos años un amigo te dijo:

La ansiedad es esa amiga que a veces nos pudre los nervios.

VI

Mientras escribís, escuchás Like a Stone. Pensás: Temas como Like a Stone entrarían en una playlist llamada: El Arte De La Angustia. Lo tuiteás.

VII

Recordás la frase:

¿Qué sería del ser humano sin la angustia?

VIII

En el bondi de regreso, sacás tu cuaderno de unicornios, agarras la cartuchera finita, la abrís, sacás una lapicera y escribís:

Tengo una angustia tan fuerte que me genera un vacío existencial, me da ansiedad y me provocó una hernia hiatal. Ahora sé porqué tengo esos nudos y demás sensaciones en la boca del estómago.

IX

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