Jessica Jones – Primera temporada

Terminé de ver Jessica Jones hace un ratito. Fue una sesión de una tarde, una noche y un mediodía que le dediqué enteramente a ella, porque me sentí atraída por esa mujer retorcida que, a pesar de todo, quiere hacer “lo correcto”, o mejor dicho “lo debido”. En cada capítulo sus métodos para llegar al objetivo se rectificaron suavemente, pero también bajo una gran presión y un drama violento que introducía las manos en mí cráneo y retorcía mí cerebro como intentando armar un cubo Rubik.

El villano, un inglés elegante con el poder de manejar mentes ajenas a su antojo, se convirtió en adorable al demostrar su lado secreto. Ese rincón de su alma que hasta la misma protagonista desconocía.

En cada encuentro y desencuentro de Kilgrave y Jessie el río de sangre fue regado por víctimas ajenas a ellos y se hacía más profundo y más ancho. Era prácticamente imposible llegar al otro lado, cada vez que ella intentaba acercarse a él para cumplir con su objetivo él se encargaba de quemar el puente con un nivel de sadismo nunca antes visto en el Universo Marvel. El poder de Kevin lo convertía en el villano perfecto, pero su dulce secreto lo hacía un estúpido más en el mundo.

Los personajes secundarios cumplieron su rol en forma quirúrgica, algo a lo que ya nos tienen acostumbrados el matrimonio Netflix-Marvel. Cada paso que daban era elemental y cada cosa que no hacían también.

Me gustaría detenerme, una vez más, en Kilgrave. El personaje demostró que si hay algo que tienen en claro quienes se encargan de adaptar el cómic a la pantalla chica es que para que un villano sea bueno hay que humanizarlo, es necesario demostrar que su vida no se hunde en la lado oscuro porque sí. Ellos tienen presente que es fundamental que el malo de la historia conquiste a los espectadores de manera sensual, romántica y delicada en el momento preciso, esto implica sacarse el corazón y ponerlo en bandeja de plata para que todos se rindan a su pies como si estuvieran bajo el efecto de la peor maldición gitana. Porque al fin y al cabo todo empieza y termina en el amor.

En 13 capítulos de poco más de cuarenta minutos cada uno, Jessica Jones se consolidó como Mi nueva chica fav. Quiero robarle el whisky y agarrarme a trompadas con ella, quiero que me haga atraversar la pared de una trompada en la cara. También quiero traerla a casa y convidarle el vodka más barato que encuentre en el chino de acá, a media cuadra, cinco minutos antes de cerrar.

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