Scott Weiland

Me enteré de su muerte apenas abrí Twitter. Leí una conversación y tuve miedo de googlear. Me tiraron un link, lo abrí y como estaba en inglés no lo creí, pero el titular era claro: Dead on tour. Minutos después, todavía en shock, me atreví a ver las noticias en Google. Todos anunciaban su sorpresiva muerte. Recordé que días atrás, no hace mucho, vi un posteo en su fanpage, no me acuerdo bien sobre qué era, pero fue un posteo reciente. Leí dos o tres noticias para confirmar lo que todavía no me animaba a creer. Al final era verdad.

Abrí YouTube y puse Sour Girl de Stone Temple Pilots, miré el vídeo sin ver. El ego me recordó que no lo vi en vivo con su megáfono cuando vino a Buenos Aires, como esa cita a la que no fui, porque estaba lloviendo y el chico días después se fue a vivir a Europa.

El siguiente vídeo que vi fue Fall To Pieces de Velvet Revolver. Lo recuerdo más de esa época, enérgico, con un baile casi contorsionista acompañado por los acordes de parte de mis idolos de la infancia. Lo recuerdo sumamente enérgico, valga la redundancia. Pero me desmoroné al escuchar All alone I fall to pieces, el vídeo ahora parece tan real.

No quiero detalles de su muerte, no necesito detalles. Suficiente dolor me ocasiona saber que ya no está mas. Mientras escribo esto suena en Spotify la canción que nombré antes. Lloro mientras tipeo, me detengo para llorar más, intento escribir algo coherente, pero el mix de noticia-música-recuerdos me golpean como una mano abierta en el pecho dispuesta a arrojarme al vacío para matar parte de mis mejores recuerdos musicales como si yo fuera Voldemort y él un horrocrux hermoso color rubí escondido en un lugar lejano como una cueva cercana en la cima de una montaña. Mis músculos se endurecen al tratar de procesar la noticia. Es una tristeza enorme. Sigo llorando.

La última vez que lloré con la muerte de un artista fue con Fernando Peña, pero esto es diferente, porque me apropié de muchas de las canciones en la Scott puso su voz, en especial las de Velvet Revolver, las hice mías, las viví en parte de mi historia, las dejé que me acompañaran en viajes, esperas y rupturas, esas canciones fueron mías. Él en parte fue mío en esa apropiación artística que uno tiene con los ídolos. Lo voy a admirar siempre, y lo recordaré enérgico y hermoso.

No sé bien para qué escribo esto, no sé por qué cuento que lloro al escuchar su voz. Puedo que unos días lea esto y encuentre mil incongruencias. Me cuesta procesar la noticia. Es una tristeza muy muy grande.

Que estés bien donde quieras que estés…

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