Juego de angustia

Diario de lectura: sobre ‘El juguete rabioso’, Roberto Arlt (1926).

«Usa los libros como plan de acción y lee para aprender a vivir»

Ricardo Piglia
Marzo de 1973
Introducción a El juguete rabioso


Domingo: Tosco, al principio lo leí con pasión, pero en un momento empezó a agotarme, no sé por qué.

Me gustan los autores que escriben «como se habla». Creo que es un don. Algunos lo llaman virtud.

Su forma de narrar parece una película escrita puramente en lunfardo, como la de los tangueros de aquellos primeros años del siglo veinte. Bueno, de hecho el libro fue escrito cerca de esos años.


Lunes: Su prosa me recuerda a los protagonistas de la novela Los reventados de Jorge Asís, por la forma de hablar de los mismos. Una forma más rea, más de calle Arlt y más canchero Asís, o mejor dicho ambos con un estilo proveniente de la calle, pero de distintas veredas, diferentes partes de la misma si se quiere ser más exacto. Uno camina a riesgo por el cordón y el otro más tranquilo por la vereda fumando un cigarrillo.

Me gusta su estilo, pero me agota, necesito hacer una pausa. En mi cerebro queda la sensación de haber leído un paper en otro idioma, tengo que acomodar ideas.

En mi cabeza no deja de dar vueltas la palabra «pelafustán». ¿La leí ahí?


Martes: No es una literatura de «paisaje» como la que más me gusta leer. Él no es muy gráfico, sin embargo muestra cosas.

Me ajetrea un poco el cerebro.

Necesito descansar, Arlt. Es un rato nada más, ya vuelvo.


Martes, más tarde: Vuelvo.

Una literatura cruda que por momentos me angustia el desasosiego de los personajes, creo que es el verdadero motivo por el cual tuve que detenerme, descansar de tanta malaria, de tanta crueldad narrada como si nada.

¿Habrá sufrido al escribir eso?


Miércoles: el tiempo pasa y la angustia del juguete rabioso no se va. Una consecuencia fascinante.

En estos momentos de mi vida no puedo continuar leyendo ese libro, simplemente no es el momento. Me siento horrible, porque el autor tiene una prosa rústicamente rica, muy hermosa. Escribir como se habla no es fácil. Pero tampoco es fácil generar angustia, mucho menos generar ese juego de doble angustia, valga la redundancia.

No creo que se haya propuesto cagarnos la vida a sus lectores, sino más bien mostrar una realidad. Sé que existen jóvenes como el protagonista, con una vida que sale de una miseria para estar mejor y sin saberlo se mete en algo peor. Entra en un lugar más oscuro, más rotoso, donde el aire es más espeso.

Me siento culpable cada vez que pauso o abandono un libro, como si de alguna manera le estaría siendo infiel a alguien que me gusta mucho.

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