Ansiedad II

I

Hermoso en todas sus formas. Se negó a aceptar mi amor, ridículo e irreal, según él. No supo ver que en cada foto en blanco y negro le mostraba el alma. Eramos dos partes del mundo, para él distintos e inviables, decía que no podíamos estar juntos. Se equivocaba, hubiéramos construido maravillas. No supo verlo. Jamás se vio como yo lo vi. Jamás sintió lo que yo sentí. Dijo que entendía, mintió, porque jamás amó sin medidas. Electrocuta y asesina mí alma el saberlo. Lo amé, pero él no quiso ser amado.

II

Lo único que llegué a conocer fue su máscara, la de una nena que no le tiene miedo a nada, porque está medicada. Se drogaba vorazmente, pero sin perder el control del todo. Su ex pareja le había enseñado. La última vez que estuvo en mi casa llegó completamente drogada después de una cena con amigos a la salida de la facultad. Tocó el timbre de seis departamentos distintos, porque se acordaba el número, pero no recordaba si era el piso o el departamento. Yo tenía que trabajar al día siguiente, pero eran las dos de la madrugada. No iba a dejar que se vuelva sola a su casa, menos a esa hora, mucho menos que recorra toda la distancia que había entre una casa y la otra.

III

A último momento puso en tela de juicio mis formas de pensar, mis razonamientos, mis actos, esos que antes disfrutaba y con los cuales se llenaba todas las mañanas. ¿Cómo se atreve a decir que me entiende y después gritar que todo es ridículo? ¿Qué sabe él de las formas de amor si nunca deseó haber estado muerto, si nunca sintió que se le moría el alma y tuvo que tirar de un hilito para recrearla? ¿Qué puede saber de amor una persona que te grita en la cara «vos no me amás, sos ridícula, no me amás, no me conoces»? No sabe nada, mal que me pese no sabe nada. No sabe que a mi no me importaba nada, ni los veinte años de diferencia ni los cien kilómetros que nos separaban.

IV

Exultante, profunda, impulsiva. Pasamos bastante tiempo junto, pero no el suficiente para conocerla más allá de la máscara. Dormía en mi cama, durmió en mi cama. Hace unos días encontré su anillo bajo la almohada. Nada de eso me brindó la información que necesitaba para sentir el más breve estupor por ella. Hablaba, lloraba y gritaba al decir que me amaba. Joven. Algunos creen que a los veinte las personas se enamorar muchas veces. En mi caso, para el amor necesito información, necesito datos.


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